

Principios
Representación gráfica del pabellón del Rincón de Goya (1926-1928), de Fernando García Mercadal, el primer edificio racionalista de España.[1] [2]
• Esqueleto estructural del edificio en lugar de simetría axial
• Predilección por las formas geométricas simples, con criterios ortogonales
• Empleo del color y del detalle constructivo en lugar de la decoración sobrepuesta
• Concepción dinámica del espacio arquitectónico
• El uso limitado de materiales como el acero, el hormigón o el vidrio (nuevos materiales)
Entre 1925 y 1940, la orientación racionalista se difunde en toda Europa, ya por obras aisladas o por penetración de métodos constructivos nuevos, originando la formación de diversas escuelas. Esta difusión está básicamente ligada a la labor de los grandes maestros, tanto los meramente racionalistas como los pioneros de principio de siglo, que reciben encargos de todo el mundo, y que, mediante asociación o colaboración con arquitectos locales, contribuyen a expandirlo a pesar de reticencias oficiales y académicas.
Así pues se puede decir que el racionalismo arquitectónico, es la depuración de lo ya sobresaturado, dejando solamente lo esencial, lo practico y funcional para cada situación.
En la escuela francesa destaca la importante labor investigadora del arquitecto Le Corbusier, principal figura del racionalismo europeo y mundial.
